Videoarbitraje en el fútbol ¿progreso o pérdida de esencia?

Para ser árbitro es necesario conocer el reglamento a la perfección pero no es suficiente con eso, ya que también se ha de tener personalidad y capacidad de no dejarse llevar por las emociones y la presión a la que son sometidos los colegiados por parte de jugadores, entrenadores, aficionados y el entorno en general.

Como se suele decir, las decisiones arbitrales se toman en décimas de segundo, por lo que son muy frecuentes los errores en todos los partidos. Estos errores no tienen importancia si tienen como consecuencia la señalización de faltas lejanas al área o la entrega del balón al equipo equivocado. Sin embargo el asunto cambia cuando un error arbitral se traduce en goles o expulsiones, ya que pueden decidir un partido.

Hace aproximadamente un mes, pudimos ver como se introdujo por primera vez en el fútbol el VAR (Video Assistant Referee) o videoarbitraje. Fue durante el transcurso de la Copa Mundial de Clubes y tenía el objetivo de poder corregir a tiempo este tipo de errores de los que hablamos para no decantar un partido hacia un lado u otro de manera injusta. Si algo dejó en evidencia la prueba fue que el sistema necesita muchas mejoras, así como aclarar en qué tipo de situaciones se puede utilizar.

Videoarbitraje

Las reacciones a esta primera aparición del videoarbitraje no tardaron en sucederse y el debate estuvo presente en prensa y barras de bar durante semanas, así como entre los principales protagonistas: jugadores y entrenador. Los más puristas, contrarios a introducir este tipo de tecnologías, defienden que se perdería la esencia de un deporte que ha funcionado toda la vida sin ayuda de la tecnología. Es curioso que uno de los personajes televisivos con esta opinión sea Rafa Guerrero, de quien quizás nadie se acordaría si no fuera por haber protagonizado el “Rafa no me jodas” en el estadio de La Romareda. Otros, sin embargo, reciben con buen gusto todo tipo de mejoras que se puedan llevar a cabo para que el fútbol no se estanque en el pasado y evolucione en la dirección correcta.

Normativa y protocolo de uso del videoarbitraje

Para que la introducción de la tecnología en el fútbol funcione, primero se ha de diseñar un mecanismo y una normativa que establezca de forma clara las reglas de uso y evite confusiones.

Lo primero que habría que establecer es el protocolo de uso. En el “mundialito” vimos como un árbitro extra se posicionaba en una de las bandas con un monitor en el que podía seguir el partido. En el momento que había una situación polémica, el árbitro principal era llamado a través del pinganillo, teniendo que parar el juego, acudir a esa zona de la banda a observar la jugada con detenimiento y decidir. Para que este proceso funcione, quizás debería agilizarse el proceso de manera que no se invierta tanto tiempo.

Videoarbitraje

También es necesario limitar el tipo de jugadas en las que se puede utilizar. El conjunto de acciones que ha considerado la FIFA hasta el momento durante sus pruebas parece bastante adecuado y englobaría las jugadas que supongan goles, penaltis, expulsiones por roja directa (principalmente agresiones) y fueras de juego siempre y cuando acaben en gol.

Debe dejarse claro también si los encargados de solicitar que se revise una jugada son los integrantes del propio equipo arbitral o los equipos interesados a través de su entrenador o capitán.

Por último, con el objetivo de que se pierda el menor tiempo posible, habría que establecer un número máximo de reclamaciones por equipo (en caso de que sean estos quienes puedan hacerlo). Una cifra apropiada sería la de una reclamación por equipo y parte, es decir, cuatro paradas como máximo en todo el partido. Además de que si un equipo reclama una jugada y resulta tener razón, no se le reste su derecho y pueda hacer uso de este en próximas jugadas.


¿Cuáles son los pros y los contras de la introducción del videoarbitraje en el fútbol a nivel mundial?

Los pros de implantar la tecnología en el fútbol

En primer lugar, las cantidades de dinero que se mueven hoy en día en el fútbol profesional no tienen nada que ver con las de antaño. Apuestas deportivas, ingresos por publicidad, televisiones y objetivos suponen miles de millones de euros y no sería apropiado condicionar todos estos ingresos al acierto de un árbitro que, como hemos dicho al principio, tiene que emitir sus decisiones en décimas de segundo.

Otro aspecto a tener en cuenta es que los futbolistas han ido evolucionando conforme lo ha hecho el fútbol y cada vez es más habitual que estos traten de engañar a los árbitros y de sacar beneficio para su equipo, ya sea logrando goles y penaltis o dejando en superioridad numérica a su equipo. Estas acciones se han llevado a cabo durante toda la vida, pero lo cierto es que los futbolistas han perfeccionado estas “técnicas” por llamarlo de alguna forma. El videoarbitraje sería una buena forma de erradicar este tipo de actuaciones, ya que la sanción de amonestar cuando un jugador es pillado tratando de engañar al árbitro parece no haber tenido el efecto esperado.

Si miramos hacia otros deportes, ha quedado demostrado que la tecnología puede ser muy útil, llegando al punto de parecer indispensable. En tenis se utiliza el famoso “ojo de halcón”; en baloncesto se monitorizan algunas jugadas en las que se duda si una canasta ha entrado dentro de tiempo; en esgrima se han introducido sensores en la punta de las espadas que determinan si un participante ha tocado al adversario o no; en atletismo, automovilismo o ciclismo se utiliza la “photo finish” cuando no se puede determinar a simple vista cual de los participantes ha superado antes la línea de meta; también se están realizando pruebas en béisbol para instalar nuevas tecnologías que determinen cuando se produce un «strike».

Por último, no parece justo que cualquier aficionado pueda ver desde su televisor la repetición de la jugada en cuestión mientras que a la parte encargada de decidir no solo se le impida tener una segunda impresión, sino que además se le critica duramente cuando comete un error.

Los contras de implantar la tecnología en el fútbol

Por una parte, en función de las paradas que se permitan en el partido para consultar jugadas polémicas, el juego estará detenido durante demasiado tiempo ya que el videoarbitraje lleva su proceso. Esto no solo alargará la duración del partido, sino que también puede ser perjudicial para el espectáculo al reducir el ritmo del partido.

Por otra parte, al aplicar la tecnología, el árbitro deberá corregir decisiones ya tomadas, lo que causa un nerviosismo extra sobre el equipo y afición al que se había beneficiado en primera instancia. Este nerviosismo suele ser trasladado en forma de protestas al árbitro por encima de lo permitido, lo que puede influir en el trascurso del resto del partido. Este tipo de reacciones son habituales cuando hay mucho en juego y se tienen las pulsaciones elevadas pero, con el paso del tiempo, los futbolistas deberían adaptarse al cambio de forma natural e incluso se debería reducir el nivel de protestas actual.

Además, la tecnología tiene un coste que podría asumirse en competiciones de mayor nivel y en categorías como la primera o la segunda división, pero se estarían marcando unas diferencias demasiado importantes en cuanto a la normativa y el juego respecto a categorías más modestas que no puedan permitirse su instalación, incluso con el fútbol base. Aunque bien es cierto que ya existen este tipo de diferencias entre categorías que afectan, por ejemplo, a la presencia de jueces de línea y la figura del cuarto árbitro.


Más allá del videoarbitraje como tal, sería muy interesante perfeccionar e instalar en el mayor número de competiciones posibles la tecnología que, mediante la implantación de un chip, compruebe si el balón ha llegado a entrar o no en un gol fantasma. Este tipo de tecnología ya ha sido introducida en algunas competiciones a modo de prueba pero quizás es necesario seguir mejorando, puesto que todavía no se ha instalado de modo definitivo.

En definitiva, se trata de un asunto cuyo único objetivo es el de hacer más justo este deporte, pero para ello se debe definir una normativa que lo regule  correctamente y perfeccionar el mecanismo para que sea más rápido y eficaz, de manera que no cause nerviosismo en los jugadores y los aficionados por pasar demasiado tiempo decidiendo la resolución final.